"Tus caricias no me afectan, yo las puedo tolerar, sin mover una pestaña sin parar de controlar", Jorge Drexler
Así soy yo, un témpano de hielo capaz de petrificar el más mínimo signo de cálido acercamiento. Fui entrenado por la más fatale de las femmes.
El tratamiento fue simple. Escaldado y refrescado con agua a 4 grados, sucesivamente, hasta que no quedaran terminaciones nerviosas que pudieran responder a la temperatura.
Cuando dejé de responder al afecto, me enseñó a superar el roce. El tacto todavía despertaba en mí emociones prohibidas. La cura puede parecer cruel, pero efectiva. Me acariciaba, se contoneaba, se apoyaba sobre mí hasta que mi resistencia quebrase y empezara a mover una de mis manos o mi cuerpo buscando mi propio goce.
«¿Pero Qué Haces?» me decía entonces con desprecio y cara de asco. Y como castigo, consumaba con el de al lado, que había absorbido el calor que yo tan ufanamente había conseguido rechazar...
1 comments:
Parece que fuistes entrenado por la Sra. Dinsmoor, de Grandes esperanzas de Dickens jaja, muy buen blog por cierto
Post a Comment